jueves, 21 de octubre de 2010

Tejiendo los hilos del destino


Solo unos mil quinientos guerreros habían permanecido en el Castillo de Arnor, y como el Rey lo había previsto, pocos días después de que parte del ejército partiera a La Comarca, una horda de orcos descendió desde el Norte. Todos los aldeanos fueron llamados a ocultarse en el castillo del Rey, en los refugios subterráneos que habían sido construidos debajo de la colina con el fin de proteger al pueblo si algo así ocurría. Todos los soldados se encontraban armados y esperando la llegada de los enemigos detrás de las murallas del castillo, pero eran pocas las esperanzas, sabían que iban a morir quizás esa misma noche.
El sol se estaba ocultando cuando la gran sombra se fue acercando desde el Norte.
-Debemos resistir Eldarion, hay que detenerlos el mayor tiempo que podamos- le dijo Aragorn a su hijo desenvainando su espada.
-A tu lado me tendrás padre, hasta el fin.

*****

Luiniel contempló por última vez el refugio de Lórien, una vez más dejaban su hogar para partir hacia un destino más seguro ¿pero habría seguridad en un mundo condenado por la Sombra? Un mundo condenado por el enemigo del mundo mismo… Tenía que seguir adelante, por todos los suyos, ese era su deber. Pensó en su hermana, la reina sin rey, la reina que ahora estaba sola porque ninguno de sus hijos la acompañaba… ella también estaba sola, ahora que Belegnor se había ido y Lómion… no podía pensar en él, no quería… temía que la Sombra lo hubiera hundido en horribles tormentos… ¿habría alguna esperanza para ellos? ¿Habría esperanzas para lo creado? ¿Sería este el fin de los tiempos de los que hablaba la profecía?
-Debemos partir- era la voz de Súlien, sin ella, sin su ayuda, no hubiera podido lograrlo, llegar hasta allí, continuar a pesar de todo.
-Vamos…- dijo simplemente la líder de los elfos de la Tierra Media, se colgó su arco al hombro y se dispuso a marchar.

*****

-Mi reina.
Faramir se arrodilló a sus pies, Arwen lo miró con esa mirada que solo reflejaba tristeza. Luego le tendió la mano, él la tomó y se puso de pie quedándose junto a ella.
-¿Ha habido noticias del norte?
-Aún no mi señora…
-Faramir… ¿crees que este sea el fin de todo?
-No piense así, esa no es la reina que todos necesitan ahora…
-Lo sé… pero no puedo evitar sentir que la oscuridad lo cubrirá todo bajo sus alas.
-He pensado en marchar hacia Osgiliath, creo que si perdemos el paso del río será lo peor que pueda pasarnos, junto a ti se quedarán Eówyn y Anarien.
-¿El enemigo se ha movilizado?
-Aún no, están en Mordor, eso dicen los mensajeros.
-Si crees que es necesario puedes ir.
-Al menos podremos frenarlos en el río. Partiré mañana.

*****

El rey Nizar dispuso a sus mejores soldados, un ejército de cincuenta mil hombres lo acompañaría en esa empresa, al norte lo estaba esperando Eómer junto a su guardia personal que los guiarían por el camino hasta Rohan, o hasta Gondor, no podrían saberlo, según las noticias el enemigo se estaba moviendo hacia Mordor y era necesario disponer la ayuda que hacía tanto tiempo había prometido. Por fin luego de muchos años, la alianza Rohan – Harad uniría su ejército en pos de conseguir un mismo objetivo: eliminar a las Sombras, al mismo mal antiguo renacido para librar a La Tierra Media de ese terror. Pensó en el lugar donde ahora vivía la hija a la que más cariño le tenía, Sumayyaa la intrépida, la muchacha de ojos de fuego, la prometida del hijo de su amigo.
-Debemos partir, los mensajeros dicen que el enemigo aún no cruzó el río, pero se están asentando más y más en Mordor- fueron las palabras del rey de los rohirrim.
-Muy bien amigo, veremos que pueden hacer el ejército del rey Nizar y del rey Eómer para impedirlo.

*****

Lothíriel esperaba las noticias de sus capitanes, las fuerzas de Rohan estaban dispuestas ya en el Folde Oeste, los civiles habían sido evacuados al Abismo de Helm y Gondor esperaba un ataque inminente de un momento a otro. Del Norte llegó un mensajero, un hombre que había estado a las órdenes del maestro Eândros.
-Saludos señora de Rohan- el mensajero se arrodilló, se lo veía cansado y agobiado, pero satisfecho de haber cumplido con su misión.
-Feliz encuentro señor, esperaba noticias del norte.
-El maestro Eândros ha enviado un mensaje para usted, para que luego se informe a Gondor.
Tomó el sobre con el sello de la casa real de Gondor y se lo entregó a la Reina. Ella rompió el sello, desdobló el pergamino y comenzó a leer. No era muy largo, conciso y preciso como le había parecido a ella la personalidad de tan noble señor.

“A su majestad, señora de Rohan.
Es mi deber informarle que tras llegar al castillo de Arnor nos encontramos ante una situación nada grata, el enemigo está en camino hacia La Comarca desde el este. No tenemos mucho tiempo pero hemos ideado un plan para contener la sombra lo más posible para dar tiempo a la comarca para evacuar.
Al llegar me he encontrado con lo amplio que se ha convertido nuestro frente tras perder los pasos de montaña que conducen a Lórien y el Bosque Negro, es por eso que necesitamos otro punto fuerte para proteger esta vasta zona; por esto ya enviamos un grupo de ingenieros y exploradores para poner en condiciones la fortaleza de Tharbad, mas el territorio es muy amplio para cubrirla solo con infantería y estamos en necesidad de solicitarle a vuestra merced si puede disponer de caballería para proteger esta zona. También estamos esperando refuerzos del Gondor a quien he solicitado infantería para la protección de la fortaleza y zonas aledañas.
Lamento no poder haber sido más cortes, pero el tiempo apremia.
Esperando enviarle buenas noticias tras la batalla.
Eândros Althârion.”



(la carta la escribió Gonza)

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