jueves, 21 de octubre de 2010

Volver a Rivendel II


Tercer día de luna nueva – Rivendell, la ciudad de los elfos



¿Cómo debería comenzar…? Hace ya tres días que estamos en Rivendell, aquí todo es tan hermoso… mi padre me había dicho que los elfos construían y fabricaban cosas hermosas, pero verlo es tan diferente… los vestidos, las cortinas, las sábanas, las camas, los pisos, las paredes, la vajilla, los establos, los jardines, todo parece mágico. Me pregunto si Eldarion conocerá este lugar…
¿Por qué siempre que lo recuerdo ahora es como si toda la alegría del mundo desapareciera? Me gustaría que las cosas fueran diferentes, creo que ya no soy la misma de antes… Ahora todos están tristes por mi culpa, en especial Léod y Belegnor. Tengo que volver a sonreír o ellos seguirán tristes ¿pero cómo voy a hacerlo? Siento que la sonrisa se escapó de mi rostro y jamás va a volver… lo único que quieren mis ojos es llorar…
Eldarion, ¿vos también te vas a poner triste cuando te lo digan? Yo te prometí que iba a ayudarte a encontrar a tu hermana, ¿cómo voy a poder decirte que esa hermana soy yo?… debería ser una noticia muy alegre, pero yo sé que para vos y para mí no lo va a ser… Belegnor dice que no es seguro aún y Léod también, pero si fuera así no estarían sospechando al respecto y no me lo hubieran dicho, si ellos lo sospechan es muy posible que sea verdad… Además ahora ni siquiera puedo hablarte. Quizás lo mejor es que nunca más nos volvamos a ver y solo pensar en eso hace que mi corazón se congele ¿cómo voy a poder seguir viviendo sino te veo nunca más? Mi corazón estaba dormido hasta que te conocí ¿cómo va a poder vivir sin tus besos, sin tus abrazos, sin tus caricias…? Quizás todo sería mejor si se hubiera quedado dormido.
Belegnor dice que esto es obra del Poder Oscuro, y quizás lo sea, no puedo permitir que siga haciendo daño a los seres inocentes que habitan este mundo, no puedo seguir estando triste o esa tristeza lo fortalecerá… él se regocija con la tristeza, la oscuridad es su poder y siempre intenta apagar la luz que proviene del interior de los corazones… No puedo dejar que apague tu luz también Eldarion, pero cómo puedo llegar a él antes de volver a verte o antes de que alguien te lo diga, ni siquiera sé dónde está…
Quizás deba dejarle tu espada a Léod y yo buscarlo allí donde nada crece, en Mordor, creo que ese es el mejor lugar para él, pero cómo puedo llegar sola allí, no sé cómo llegar… Me pregunto si Dormin sabrá y si querría acompañarme… Belegnor quiere que vaya a Minas Tirith, porque la reina es la única que puede confirmar si soy su hija o no… pero yo no quiero confirmarlo… siento que perderé todas mis esperanzas y me marchitaré como una flor en invierno. Pero y si mi presencia puede traer luz y esperanza a los hombres, debería ir… pero duele tanto, me cuesta tanto vivir ahora…

En ese momento escuchó golpes en la puerta, se levantó de su cama y abrió al que iba a visitarla, resultó ser Dormin, el enano.
-Buenos días Aldariel- la saludó.
Por respuesta lo saludó con la mano pero al instante Dormin notó que algo pasaba porque ella no le sonrió.
-¿Puedo pasar?
Ella se corrió de la puerta y el enano entró a la habitación, la habitación que había sido de la Reina Arwen.
-¿Estás bien?- le preguntó.
Ella solo atinó a mover la cabeza de forma afirmativa pero el enano sabía que eso no era cierto, era demasiado evidente, Aldariel era la alegría de todos y ahora en su rostro solo se reflejaba la más horrible de las tristezas.
-A mí no podrás engañarme…
Pero ella siguió sin responderle, entonces le preguntó.
-¿Quieres que me vaya?
Ella le dijo que no moviendo su cabeza de lado a lado. Se acercó a la cama y tomó un cuaderno y escribió en común:
“Lo siento, no es que quiero que te vayas, no puedo hablar”
El enano se sorprendió mucho, y le preguntó:
-¿Qué te pasó?
“No sé cómo pasó, simplemente dejé de hacerlo…”
-Esto no está nada bien… ¿por qué estás triste?
Ella se sentó sobre la cama y comenzó a llorar, el enano se sentó junto a ella y le puso sus manos arriba de las suyas.
“Perdoname Dormin, no quiero estar triste, pero no puedo evitarlo”
-No tienes que pedir perdón niña, pero verte así hace que mi duro corazón se conmueva hasta lo más hondo ¿qué sucedió? ¿quieres hablar de ello?
“Me duele el corazón desde que sospecho que Eldarion pueda ser mi hermano”
El enano se sorprendió aún más y le dijo:
-¿De dónde sacaste eso? ¿Quién te lo dijo?
“Léod y Belegnor creen que es muy posible que mi espada sea la espada del Rey”
-Otra vez esa famosa copla sin sentido a la que todos quieren aferrarse… Y nadie puede confirmar eso, no hasta que lleguemos a Fangorn al menos… pero entiendo ahora por qué lloras.
“Dormin estoy tan triste… ni siquiera sé qué debo hacer ahora… ¿tú me acompañarías a Mordor a destruir al Poder Oscuro?”
-Yo te acompañaría hasta el mismo reducto de Morgoth si me lo pidieras Aldariel, haría cualquier cosa para volver a verte sonreír, pero creo que no está en mis manos poder hacerlo.
“Tengo que volver a sonreír Dormin, o mis amigos se culparán, o se pondrán tristes, el problema es que no sé cómo…”
El enano suspiró largamente y le dijo:
-No trates de esforzarte de más, volverás a sonreír cuando así lo sientas.
“No voy a poder vivir sin él Dormin… ¿crees que morir matando al Amo Oscuro esté mal? Porque si voy a morir al menos quiero que mi muerte sirva para algo. Igualmente no cambiaría nada porque ya siento que estoy muerta…”
-No digas eso mi niña, aunque hablas de matar a Morgoth como si fuera un orco cualquiera, y eso debería enorgullecer a este enano, no quiero que vuelvas a pensar en morirte ¿me escuchaste?
Lo dijo tan firmemente que Aldariel no pudo hacer más que asentirle. Él se sintió como un padre regañando a su hija pequeña, pero esa última frase lo había destruido a él.

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